5. Los buenos libros no envejecen

Entre las muchas cosas que hacen del programa EPDL algo especial, quizás lo más especial es que los chicos tienen la oportunidad de conocer en persona a los autores de los libros. Es algo espectacular. Yo en mi vida nunca había tenido la oportunidad de conocer a un autor, y un autor es justo lo que estoy buscando. ¿Y por qué estoy buscando un autor? Bueno, ¡porque quiero vivir una buena historia! Siento que nací para eso, pero hasta ahora nadie la ha escrito. Y hasta el día en que alguien la escriba, me sentiré a menudo incompleto, nervioso, incluso triste.

Es un problema común a muchos personajes que siguen siendo solo ideas, bocetos escritos con prisa en alguna página que igual permanece encerrada en un cajón oscuro, o en algún archivo abandonado en un lugar remoto de la memoria de un ordenador… ¡qué terrible destino! Y como no quiero terminar así, conocer a un autor era una gran oportunidad. Así que un día me animé y acompañé a Lola Larra, autora de “A sur de la Alameda”, por la provincia de Sevilla, a conocer a los chicos de los clubes que han leido su obra.

Lola es una persona muy agradable y amable: incluso vino de Chile, del otro lado del charco, para conocer a los chicos de los clubes de lectura de Olivares, Isla Mayor y Pilas. Fui con ella, curioso de ver cómo se desarrollaban los encuentros, con la esperanza de tarde o temprano superar mi timidez y atreverme a hablarle de mi problema, o sea el hecho de que estoy buscando un autor. Y si acaso os estáis preguntando cómo es que ella no me veía mientras estaba a su lado, es porque nosotros, los personajes aún sin historias, si no nos dejamos ver, somos transparentes. Totalmente transparentes: más que el vidrio.

En los clubes habían traído zumos y pasteles para el desayuno, habían preparado pancartas para darle la bienvenida a Lola, para que se sintiera a gusto; ella también, por su manera de ser, hace que te sientas enseguida a gusto: así que nada más llegar en cada biblioteca o aula se empezaba a charlar, y los chicos empezaban hacerle preguntas, muchas preguntas. Porque claro, hay muchas cosas que podemos preguntarle a un autor: ¿cómo escribes? ¿como se escribe un libro? ¿qué significa ser escritora? ¿siempre has pensado en ser escritora? ¿cuándo decidiste que era lo que querías hacer? ¿cómo se te ocurrió escribir esta historia?

A propósito de la historia: “Al sur de la Alameda” está muy bien escrito y a los chicos les gusta mucho. Es divertido, pero al mismo tiempo esa historia nos cuenta que los derechos que tenemos no salieron de la nada sino que han sido adquiridos con grandes esfuerzos. Y debemos cuidar de ellos: de lo contrario, algún día podríamos despertarnos y descubrir que, por ejemplo, la democracia y la libertad se han hido, y entonces demasiado tarde entenderemos el error que cometimos al no cuidar de ellas. Por eso, me gustó descubrir a chicos ya interesandos en todo eso, ya que mañana ellos serán los que llevarán el mundo.

También descubrí que algunos de ellos escriben. Y mientras Lola respondía a sus preguntas y les aconsejaba, yo me sentía muy feliz y tenía ganas de dejarme ver y decirles: ¡bravo!, continuad, insistid, creád, escribíd, porque vosotros seráis los escritores del futuro, y tal vez vosotros también, como Lola, un día os sacarais fotos con los chicos de un club de lectura y firmarais vuestros libros. Pero bueno, no lo hice: es que no quería asustarlos, apareciendo de repente como un fantasma…

Y lo confieso: tampoco me aparecí a Lola. Estuve muy cerca de presentarme a ella y explicarle mi sitación. Tuve un par de buenas oportunidades, pero no las aproveché… ¡Es que soy muy tímido! Quizás, demasiado. Pero no importa, lo intentaré otra vez, ojalá el año que viene. No me molesta esperar. Nosostros, los personajes, nunca envejecemos: como los buenos libros.