2. Pueblos, clubes y tortillas

Bueno, el programa ha empezado: los chavales están leyendo los libros. Es una cosa muy importante, de hecho, fundamental. Porque los libros no existen sin lectores. Sin alguien que los lea y los imagine en su mente, las historias no existen. Los personajes sin alguien que lea sus aventuras, que sea movido por ellas, sin alguien que los ame u odie, tan solo son tinta sobre papel. ¡Y qué tristeza solo pensándolo! Por suerte, no es este el caso.

En “El Placer De Leer” los lectores son muchos, y tenía ganas de conocerlos. Me pregunté: ¿cómo serán, donde vivirán? Así que aproveché las visitas que los organizadores de EPDL hacían a los clubes de lectura en los municipios que participan en el programa, y me uní a ellos. Sin hacerme notar, para no molestar, pasando desapercibido, los seguí por toda la provincia de Sevilla.

Siempre es bueno salir de la ciudad e ir por el campo, estar un poco en la naturaleza: los olivares, las colinas, el aire libre… En mi opinión, la lectura y la naturaleza coinciden. En la vida moderna hay muchas cosas que hacer, la gente siempre parece tener prisa, y siempre están con la nariz pegada al teclado del ordenador, a las pantallas de televisores y móviles. Leer un libro a la sombra de un árbol, en cambio, nos permite reducir la velocidad y hacer que nuestro corazón lata a un ritmo más natural.

Durante las visitas a los municipios que participan en EPDL viví la emoción de entrar a una escuela y escuchar el sonido del timbre. Me dirán: ¿qué tiene de emocionante un timbre? Para quienes lo escuchan todos los días, tal vez no sea nada especial. Pasa eso en la vida: la gente se acostumbra a todo. Pero en mi caso, en la escuela a la que acudía no había timbre. Pero había un gong: el maestro llegaba muy temprano, lo golpeaba y el gong resonaba por los valles y las montañas… Así que nosotros, los chicos, lo entendíamos y nos poníamos en marcha. Quizás no me crean, pero yo tenía que caminar una hora por veredas y cuestas en las montañas, incluso tenía que pasar un puente de cuerda tirado sobre un barranco para llegar a mi escuela.

Fue mucho más fácil llegar a las escuelas de los municipios de la provincia, sin duda. Y una vez llegado, ha sido un placer ver a los chavales de los clubes de lectura en persona. Los vi interesados y divertidos, algunos ya habían participado en el programa, muchos ya habían leído sus libros. Muy bien, pensé: chic@s llen@s de iniciativa y energía… Por supuesto, había quien estaba más y quien menos interesado, pero es normal: no todos somos iguales, no todos somos grandes lectores.

Aunque no me lo explico. Quiero decir, que un libro siempre es una emoción y una experiencia única, que no se puede vivir de otra manera. Leer un libro puede ser difícil, es cierto. Pero también lo es un partido de fútbol, es un trabajo duro, pero también y sobre todo placer. En mi opinión, uno de los secretos de la vida es entender que en las cosas que realmente valen, trabajo y placer van juntos.

Bueno, gracias a mis visitas no solo aprendí más sobre los lectores, sino que también aprendí más sobre el programa. Por ejemplo, pronto deberían comenzar las visitas con los autores. Y luego hay algunos concursos interesantes en los que se puede participar: un concurso de Twiteratura, es decir, escritura creativa en Twitter. Luego hay un concurso de monólogos para contar qué tipo de lector eres, y uno de podcasts para reseñas de tus libros favoritos. ¡Eso mola!

Total, que mis visitas fueron muy útiles y me convencí una vez más que después de tanto viajar por el mundo por fin me encuentro en el lugar correcto para mí. Me refiero en general a EPDL, pero en particular al bar de la escuela donde escribo estas notas y donde acaban de preparar una tortilla que tiene un aroma delicioso, ¡mmm! Y después de tanto viajar y escribir, me rugen las tripas: creo que ya es hora de almorzar.